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sbado 04.feb 2012
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Subzona 14: Continúan los testimonios

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Santa Rosa| En la jornada de ayer pasaron frente a los jueces del Tribunal Oral de Santa Rosa los testigos Atilio Cornachione, ex médico militar y el ex empleado de la Seccional Primera, Ramón del Valle Carra. A pesar de haber sido señalado por otros testigos como el profesional que asistió en algunas ocasiones a las detenidas, el profesional aseguró que nunca vio un preso político, ni sano, ni torturado.
El ex chofer de la policía por su parte, ratificó como en su declaración del sumario del año 1984, que vio mujeres y hombres maltrechos por las torturas. En la última audiencia de la cuarta semana del juicio, sólo asistieron los acusados Athos Reta, Carlos Reinhart y Néstor Cenizo.

En el habitual informe de la Secretaría, se supo que el testigo José Calderón presentó un certificado médico acreditando una enfermedad que le impedía asistir al Colegio de Abogados y que el ex médico policial, Héctor Savioli, no pudo ser notificado en tiempo y forma, por lo que el tribunal resolvió reprogramar su testimonio. El proceso judicial entrará a un receso de una semana y se reanudará los próximos 14, 15 y 16 de septiembre; 21 y 22 y 28, 29 y 30 de este mes. Nunca atendí detenidos por alguna causa política.

El ex médico policial Atilio Cornachione, como testigo ofrecido por la defensa, pasó por el juicio de la Subzona 14, no sin antes escuchar al presidente del tribunal, José Mario Triputti, sobre los alcances del artículo 285 del Código Penal, la figura y las sanciones contempladas en caso de falso testimonio. Cornachione, un médico graduado en Córdoba en el año 1973, se desempeñó en el Ejército Argentino, del que después de algunos años de servicio en otra provincia, comenzó a tramitar la “baja” en 1976. Al año siguiente le salió el “pase” al Regimiento 101 de Caballería de la localidad pampeana de Toay, donde se desempeñó hasta los primeros meses de 1979 y fue reemplazado por su sucesor, el médico Miguel Aragón, en la Jefatura de Sanidad.

Ayer aseguró ante el interrogatorio de fiscal y querella, que “nunca estuvo destinado a la Subzona 14” y que sólo visitó la Seccional Primera años después por motivos personales (la detención de su esposa, requerida por una paciente conocida que estaba alojada en esa dependencia, un robo y un choque).

Nunca me solicitaron, ordenaron, pidieron, sugirieron atender a algún detenido privado de su libertad por alguna causa política, aseguró el galeno que tampoco dijo no haber recibido órdenes de parte de personal policial. Casi me causa un paro cardíaco un artículo de la revista El Fisgón basado en un informe de Acosta, donde aparezco sindicado como médico que atendía detenidos en la Primera. Me contacté con él y 48 horas después me entero de que presentó una nota en el Consejo Superior del Colegio Médico para saber cuándo llegué a La Pampa.

Además de contar los pormenores de un encuentro que mantuvo con el autor del ensayo basado en el sumario administrativo del año 1984, el facultativo aseveró que nunca atendió a Arizú o Martínez, personas que dijo nunca habría conocido.

De los sospechados de los delitos objeto del juicio, sólo admitió conocer al jefe de la Subzona 14, Fabio Iriart y del funcionamiento de la Subzona 14, aunque -dijo- no asistía a las reuniones informativas porque estaban esperando que yo me vaya (por la baja solicitada). Sé que la gente de la plana mayor se reunía porque veía gente que entraba al edificio de la Mayoría, a donde estaba el despacho de Iriart, por eso sabía de las reuniones. El consultorio mío estaba a unos 100 metros, respondió a otra inquietud de la querella.

Cornachione resaltó de su desempeño que su “función de médico fue buena, que a mí no se me murió un soldado nunca” y sobre su relación con otros médicos policiales, reconoció que a Máximo Pérez Oneto lo conoció mucho después en Santa Rosa. Al acusado Néstor Greppi fue a otro que nunca conoció “ni de rostro”, aunque sí a Baraldini y Amarante, integrantes de la plana mayor del Ejército.

 En otro pasaje de su testimonio se dedicó a refutar los dichos de la ex celadora Hermelinda Gándara, a quien no conoció por sus funciones en la Seccional Primera, sino en Toay, como paciente habitual hasta hace tres meses atrás cuando dejó de atenderse con él. La mujer lo señaló como uno de los médicos que visitó la dependencia en una ocasión. Gándara mintió. No me puede haber visto nunca. Jamás entré en la Seccional Primera, sino por motivos personales, aseguró el médico ante las repreguntas del querellante Miguel Palazzani sobre sus eventuales visitas al centro clandestino de detención. El defensor particular Hernán Vidal intervino en el contrapunto que su colega letrado protagonizaba con el testigo, para advertirle al jurado que pese a los 34 años que pasaron, no utilicemos la presión para obtener versiones desmañadas de los hechos y pidió que no se vulneren los derechos de los testigos.

El testimonio de otro ex policía de la Primera Ramón del Valle Carra fue el segundo y último testigo que compareció ante el TOF. El ex uniformado contó que estuvo 22 años en la fuerza, desde abril de 1974 al 1 de febrero de 1996, y que en 1976 revestía con la jerarquía de agente. Con la intención de ordenar su testimonio futuro es que el tribunal procedió a dar lectura a dos artículos del Código Penal: el 79 sobre los derechos de los testigos y el 275 acerca del falso testimonio. Chofer de ambulancia, encargado de los calabozos y, a veces, cabo de guardia, fueron las funciones que desempeñó en la dependencia en cuya planta alta funcionaba la Unidad Regional como área restringida a la que accedían el comisario Ochoa, los oficiales Oscar Yorio, Roberto Fiorucci, Néstor Cenizo, René “chaleco” Giménez y Omar Aguilera.

En alguna ocasión acercó insumos de limpieza o yerba. No recordó en el lugar ni a Hugo Marenchino, ni a Carlos Reinhart. De los detenidos por la Subzona 14 recordó a Justo Ivalor Roma, Oscar Montes de Oca, Clemente Bedis, Julián Flores, Héctor Zolecio y Nicolás Navarro. Entre las mujeres aludió haber visto a la hija del gobernador Aquiles Regazzoli, Mireya, caminando en el patio de la comisaría y a una mujer muy maltrecha, proveniente de Buenos Aires.

Estaba toda picaneada en la zona de los pechos, en los pies y el médico dijo que también en la vagina. La celadora Toldo me avisó y decidimos llevarla al hospital en la ambulancia que yo manejaba, dijo recordando la vez que “le salvó la vida” a la malherida mujer, que quedó después internada en el hospital Lucio Molas y le valió a ambos trabajadores retos y represalias laborales.

En otra ocasión, recordó cómo un médico militar “morochito y con cara de boliviano, acompañado del cabo 1º Díaz” le “pidieron” a dos detenidos, uno de ellos Bedis y el otro Roma. A la mañana siguiente ambos aparecieron golpeados.

En el horario nocturno, a del Valle Carra le tocó pocas veces prestar servicios en los que no recordó ni ruidos ni movimientos anormales, aunque una de las celadoras -Nilda Stork- le contaba de los gritos y el volumen alto de la radio. Queríamos saber, pero teníamos miedo, acotó.

Estaba enterado también de la directiva de no dar de beber agua a algunos detenidos, estimó porque habían sido picaneados. En por lo menos dos ocasiones, debió “vendar y encapuchar” a detenidos, uno de los cuales aseguró era Clemente Bedis. Después volvía a la Seccional Primera. No le tocó ni subir ni bajar gente de la Unidad Regional y recordó como oficiales o empleados de la Seccional Primera -planta baja- a Juan Domingo Gatica y Miguel Gauna.

Sobre el final de su testimonio, contó cómo en el año 1984, con el inicio de las actuaciones administrativas del gobierno de Rubén Marín, fue citado a declarar a Casa de Gobierno sobre los hechos ocurridos en la Seccional Primera. “Yo me hago cargo de todo lo que dije, no de todo lo que escribieron. El “sordo” Osvaldo Beiguel me recomendó “tratá de firmar lo que te den porque sino te rajan”. Yo por entonces tenía a todos mis hijos muy chicos. Creo que estuve presionado, no leí lo que firmé. Además en la declaración decía “ante la escribana Guinder” y ella no estaba en el lugar. Tampoco estaba Tierno”, concluyó el ex agente.



Fuente: Diario La Reforma
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