Melanie Hesketh, nutricionista de profesión, quiso demostrarles a sus hijos que la chatarra no es buena para la salud dejando en la mesa de su cocina una apetitosa hamburguesa, lo extraño es que el sandwich está ahí desde hace un año y se encuentra intacta, no hay hongos ni moho, ni siquiera parece llamarle la atención a las hormigas o gusanos , según cuenta Melanie lo único que ha sucedido es que la carne ha disminuido un poco en su tamaño, pero por lo demás parece comestible, tiene un débil, pero persistente olor a grasa y todavía huele a hamburguesa.La táctica de la nutricionista ha dado resultado en sus hijos, quienes han dejado de visitar locales de comida rápida, en el último año su hijo mayor sólo comió dos veces hamburguesas a pesar de la insistencia de sus amigos.
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